GLORIA Y SUS SANBENITOS

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El escándalo ético causado por Gloria, a raíz de la denuncia justificada, realizada por Panamá, al comprobar la leche "Pura Vida", adulterada que ofertaba esta insensible Corporación al pueblo panameño, está teniendo sus razonables consecuencias que ponen en tela de juicio la integridad la carencia moral y transparencia comercial de esta empresa y en cierto modo es un oportuno castigo a quien acostumbra a abusar de su poder económico en la mayoría de empresas que poseen y controlan.
Estas mixtificaciones que siempre han existido en Perú han sido soslayadas, escondidas por todas las entidades gubernamentales responsables de analizar y controlar los productos procesados que se ofertan al país y merecen, por lo tanto una profilaxia general, una purga para investigar y sancionar a quienes resulten culpables y cómplices de esta estafa perpetrada en contra del pueblo.
Existen antecedentes de denuncias formuladas contra esta Corporación recibidas por los organismos fiscalizadores y de control. Se emitieron resoluciones para sancionar y poner coto a estas irregularidades, pero cuando prevalece el poder económico que influye, subyuga y corrompe, no le hacen el seguimiento pertinente, dejan pasar el tiempo y las inútiles resoluciones emitidas quedan como letra muerta.

Ahora que esta bendita Corporación ha caído con las manos en la masa, con estas censurables irregularidades, además de desprestigiar al país, se está demostrando conductas delictuosas, estos hechos deplorables no deben quedar impunes. Se tienen que aplicar castigos ejemplares y no sólo a los principales productores de estos productos adulterados, sino a los funcionarios de las entidades fiscalizadoras que autorizaron la distribución y venta de esta leche mixtificada, sin la debida nutrición y con complementos que pueden poner en peligro la salud de los millones de consumidores.

Y el castigo no sólo debe ser económico excepcional para que vayan a las arcas del Estado, sino censurarlos éticamente. Los consumidores incluso deberían ser indemnizados, económicamente, por la estafa perpetrada y por poner en riesgo su salud. Este mal ejemplo empresarial no debe quedar impune. La justa sanción quizás los invite a reflexionar para que se comporten más humanamente posible y dejen de abusar y aprovecharse de sus trabajadores y de los accionistas minoritarios en las empresas que conducen y tienen el control tanto en el país como el extranjero.

La maldad no paga. Después de la búsqueda del beneficio fácil viene la pérdida afirman los sabios, que saben que todo da vueltas en este mundo de crueldad que imponen los privilegiados.

El problema es que estas corporaciones tienen la mala costumbre de contratar ejecutivos y técnicos sin escrúpulos, que como buenos acólitos solamente estás sugiriendo y aconsejando como ganar y acumular más dinero, ya sea vendiendo productos chatarra, explotando a los trabajadores o expoliando, sin piedad, a los pequeños accionistas, cuando les mezquinan sus justos y equitativos dividendos.  El pueblo, la opinión pública esta a la espera de la decisión ejemplar que adopte el Gobierno.

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