¿PURA VIDA? O ¿PURA ESTAFA?

La denuncia correcta y la inmediata acción correctiva del Gobierno de Panamá en contra de la mixtificada leche Pura Vida que vendía el Grupo Gloria en ese país, debe constituir un ejemplo digno de seguir por los organismos fiscalizadores de nuestro país, de los productos procesados que se expende al pueblo peruano. Hay que evitar estas vergüenzas internacionales.

Lamentablemente las leyes, las resoluciones que emiten los organismos fiscalizadores, en Perú son letra muerta. Duermen el sueño de los justos. Prevalecen los censurables "lobbying" (palabra poco agradable que se emplea a menudo para designar ciertas maniobras oscuras destinadas a atraerse el apoyo del Gobierno en favor de intereses egoístas) y se archivan con el añadido incentivo de las famosas coimas que pululan por doquier.

Por eso es que las irregularidades  cometidas, por estas inescrupulosas Corporaciones, se tienen que descubrir y ventilar en otros países y estos destapes recién sirven de presión y compromiso para que los organismos fiscalizadores y el propio Gobierno se pongan las pilas y ojalá apliquen medidas ejemplares para que estas estafas dañinas para el pueblo no se vuelvan a repetir. Hay que estar alertas.
Es la esperanza que se abriga, porque contra la codicia y la egolatría que caracteriza a las corporaciones como Gloria siempre hay que denotar cierto pesimismo para evitar una mayor frustración..
Esta insensibilidad, propiciadas por su afán desmedido de acumular riquezas la viene demostrando en todas las empresas que poseen. Perpetran una serie de abusos y demuestran hasta la saciedad su exacerbado egoísmo.

Las azucareras no son la excepción. Valdría la pena que los organismos supervisores y defensa del consumidor investiguen, en el propio terreno, por ejemplo, si Coazúcar ha comprado miles de toneladas azúcar del exterior para reprocesarlas y venderlas como azúcar refinada para evitar usar el azúcar local y obtener menos costos. Siempre pensando en la egoísta acumulación.

La Superintendencia de Mercado de Valores, por su parte, si está dentro de sus facultades, debería intervenir para que esta Corporación no abuse y sea equitativo con sus accionistas minoritarios en el justo reparto de los minimizados dividendos. Y también determine si es justo que emplee el patrimonio de la empresa -que es de propiedad del 100 por ciento de los accionistas, ellos tienen el 57.09 por ciento- como palanca financiera para obtener créditos, prestamos, bonos corporativos, que son empleados en sus otras empresas, en lugar de invertir en las mismas empresas azucareras, para mejorar su patrimonio, nuevas fuentes de trabajo, los márgenes de utilidad y por ende el aumento del valor de las acciones y el mejor reparto de dividendos.

Pero aspirar a todo esto es soñar despiertos en nuestro pobre país. La lacerante corrupción que envenena las conciencias, la total ausencia de valores y virtudes de quienes manejan las empresas no permite siquiera vislumbrar la posibilidad de un cambio de actitud hacia la utopía de una civilización mejor donde prevalezca la justicia y el bienestar que merece todo el país.

No basta que personas hagan bien el negocio, sino que PERSONAS DE BIEN, hagan el negocio. Todo es posible de subsanar. Solo falta voluntad política y capacidad ética.


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